Noticias

12

Jun 2019

Zoneamiento de riesgo climático hizo Brasil economizar R$ 16,8 billones en 2018

Publicado por

Los impactos asociados al Zoneamiento Agrícola de Riesgo Climático (Zarc), creado por Embrapa, trajeron una economía de cerca de R$ 16,8 billones para el agronegocio brasileño en el año pasado. La estimativa fue calculada para el Balanco Social 2018 de Embrapa y equivale, principalmente, a perjuicios que el País dejó de sufrir con pérdidas de safras y las consecuentes indemnizaciones por seguro que ellas provocarían. De acuerdo con la metodología del Balance, el trabajo de Embrapa es responsable por 40% de esos resultados, lo que equivale a cerca de R$ 6,7 billones.

Eso porque, basado en datos climáticos históricos, el Zarc indica las fechas de siembra en que existe menor riesgo de frustración de safra provocada por condiciones ambientales adversas, o sea, orienta el productor y el agente financiador sobre las épocas y regiones más adecuadas para sembrarse, generando mayor seguridad.

Tratase de un mapeo de las áreas productivas de más de 44 culturas para cada municipio brasileño. Los estudios involucran clima, suelo y grupos de cultivares, a partir de una metodología de Embrapa adoptada por el Ministerio de la Agricultura, Pecuaria y Abastecimiento (Mapa) como instrumento de política agrícola.

Los programas del Gobierno Federal Proagro, Proagro Mais y Subvención Federal al Seguro Rural Privado (PSR) exigen la consulta al Zarc como requisito a la adhesión de los agricultores. Para los productores que dependen del Proagro o del Seguro como garantía de crédito, además de una protección, es una forma de poder acceder el crédito rural. Estimase que solamente el Proagro tuvo una economía superior a R$ 2,5 billones en 2018, gracias a la seguridad al investimento proporcionada por las informaciones del Zoneamiento.

De 1996, cuando el Zarc fue adoptado por el Proagro, hasta 2018, el programa pagó más de R$ 14 billones en indemnizaciones. La estimativa del Balance Social de Embrapa es que eso valor sería más de R$ 40 billones mayor, se no hubiera la tecnología.

Ya el PSR es una modalidad en que el gobierno costea parte del seguro contratado por el agricultor junto a seguradoras privadas registradas por el Mapa. En caso de siniestro, son ellas que pagan la indemnización. “Existe un notorio logro en la utilización del Zarc para el PSR, una vez que sin ello difícilmente las empresas privadas ofertarían seguros agrícolas en el País. Bien ajustada, la tecnología genera confianza a esos agentes en ofertar sus productos. En lo en tanto, es difícil estimar eso impacto, dada la complexidad de las variables contenidas en un estudio de esa naturaleza”, resalta el analista de Embrapa Informática Agropecuária André Fachini Minitti, que participó de los cálculos del Balance Social.

Os especialistas resaltan que, además de reducir el riesgo de pérdidas a lo largo de eso tiempo, el Zarc fue útil para disminuir las fraudes en el Proagro y para consolidar la producción en el Planalto Central con la indicación de cultivares altamente productivas y resistentes.

Actualización constante

Desde la implantación, el Zarc viene siendo ampliado y actualizado para atender demandas para nuevas áreas productoras, cultivares y sistemas de producción. “El zoneamiento siempre debe acompañar las transformaciones de la agricultura. Además de impactos directos, reduciendo pérdidas, existen impactos indirectos significativos con difusión de información, calificación y tecnificación de la producción”, afirma el investigador de Embrapa Informática Agropecuaria (SP), Eduardo Monteiro, coordinador general del Zarc.

Monteiro explica que el Mapa publica periódicamente ordenanzas, contribuyendo para reducir las pérdidas en la producción y asegurar el acceso a los programas de mitigación de riesgo y también viabilizando el acceso al financiamiento agrícola. El productor debe observar esas recomendaciones para tener derecho al Proagro, al Proagro Mais y al PSR.

Suporte para seguro y crédito agrícola

El zoneamento agrícola es hoy una importante base de informaciones para el seguro agrícola brasileño. En la práctica, la tecnología permite que cualquier agricultor o agente financiero saga las mejores opciones de siembra en cualquier parte de Brasil. “El Zarc, que hoy es referencia para contratación de seguro agrícola, indica las mejores fechas de siembra de culturas para cada municipio, reduciendo los riesgos para el agricultor,” resalta el director de Investigación y Desarrollo de Embrapa, Celso Moretti.

Los investigadores utilizan diferentes fuentes para alimentar el zoneamiento y acompañar eventuales alteraciones regionales (en el clima, por ejemplo) que ocasionan alteraciones en las indicaciones de siembra de granos. En la región del Matopiba (frontera agrícola brasileña compuesta por la confluencia de los estados de Maranhão, Tocantins, Piauí y Bahia), el núcleo de sistemas agrícolas de Embrapa Pesca y Acuicultura está incumbido de actualizar periódicamente informaciones relacionadas al Zoneamiento, que son base de informaciones útiles para instituciones financieras ofrecer crédito en la región.

El desafío de los riesgos en la agricultura

“La producción agropecuaria es una actividad económica con alto grado de riesgo e incertidumbres. El trabajo desarrollado por Embrapa en el Zoneamiento Agrícola de Riesgo Climático es una importante contribución en la búsqueda de mayor sostenibilidad y competitividad del agro brasileño”, pondera Moretti.

Eventos extremos, como seca, helada, exceso de lluvia, granizo, viento y temperaturas elevadas pueden causar serios perjuicios a las culturas, tanto durante la fase de llenado de granos cuanto en el periodo de la cosecha. Estimase que la agricultura brasileña aún sufra pérdidas anuales del orden de R$ 11 billones solamente por impactos climáticos. “La agricultura es una actividad afectada constantemente por diversos tipos de riesgos, principalmente el climático y, en la mayoría de las situaciones, están fuera del control humano”, contó el investigador de Embrapa Cerrados (DF) Fernando Macena.

Él cuenta que el Zarc se transformó en instrumento orientador de política pública, imprescindible para la gestión de riesgos en la agricultura, y que beneficia la gestión de recursos públicos, asistentes técnicos, productores y empresarios rurales.

El investigador de Embrapa Trigo (RS) Gilberto Cunha recuerda que, además de los riesgos relacionados al clima que afectan la producción, existe también los de mercado, relativos a los precios practicados, y los vinculados al ambiente institucional, especialmente los normativos. “Así, sin duda, la gestión integrada de riesgos está cada vez más importante en eso sector”, resalta.

Alícuotas reducidas y menos pérdidas

A partir de 1996, por recomendación del Comité Monetario Nacional (CMN), fueron establecidas alícuotas reducidas a los beneficiarios del Proagro que optase por seguir las indicaciones del Zarc para arroz, frijol, maíz, algodón, soya y trigo. Con esos cambios, hubo reducción significativa en la pérdida de labranza y, en consecuencia, en los pedidos de cobertura por el Proagro referentes a las seis culturas contempladas.

El índice medio de pérdidas, entre 1996 y 1998, fue de 2,73% en los contratos que optaron por seguir las recomendaciones del Zarc. Por otro lado, el índice medio de pérdidas en el conjunto de todas las operaciones fue de 11,5%. Considerando valores actuales del Proagro, como por ejemplo la safra 2016/2017, con 5,8% de pérdidas o R$ 1,06 billón en coberturas y tasas, se las pérdidas en las bases antiguas de 11,5% feuran mantenidas, eso representaría un gasto adicional de case R$ 1 billón, de acuerdo con el coordinador del Zarc en Embrapa.

Prioridades de la red de investigación

Una red nacional de investigadores de Embrapa y de instituciones públicas del País realiza estudios para perfeccionamiento y actualización continua de las evaluaciones de riesgo. El trabajo es fruto del esfuerzo de esa red de investigaciones desarrolladas para entender como las culturas agrícolas funcionan y responden al tiempo y al clima en sus respectivos ambientes, considerándose mecanismos fisiológicos involucrados en el crecimiento, adaptación y sobrevivencia de las plantas, en función del clima y de los tipos de suelos locales.

El desarrollo de sistemas innovadores de gestión de riesgos en la agricultura, integrando riesgos climáticos, tecnológicos, socioeconómicos, ambientales y de mercado, está entre las prioridades de investigación. “Paralelamente, también estamos buscando perfeccionar continuamente el zoneamiento de riesgos climáticos que sirve de apoyo y fomento a las políticas públicas, con foco en la intensificación productiva sostenible, por intermedio de la generación de tecnologías innovadoras para la producción de alimentos en un escenario global bajo riesgos crecientes”, informa Cunha.

Impactos en el Nordeste

Además de reducir pérdidas agrícolas, el Zarc produce impactos indirectos en el sector productivo, especialmente por la diseminación de informaciones agronómicas e incentivo a la adopción de mejores técnicas agrícolas. En los últimos dos años, la inclusión del sistema de producción de la caña-de-azúcar irrigada, con la llamada irrigación de salvamento, permitió encortar el ciclo productivo de 18 para 12 meses, aumentando la productividad de la cultura en el Nordeste de Brasil.

Otro ejemplo es el zoneamiento de la soya en la región conocida como Sealba, que incluye los estados de Sergipe, Alagoas e Bahia, facilitando el acceso de los productores al Proagro, PSR e, indirectamente, al crédito rural. En el caso de la palma forrajera, cactácea resistente a la seca y de extrema importancia en el Semiarido, los estudios evaluaron que la siembra antes del periodo lluvioso es más adecuado, contrariando la cultura de muchos municipios que practicaban la siembra apenas en el fin del periodo de las lluvias. El cambio de paradigma contribuyó para la difusión de la información y la alteración en la práctica agronómica tradicional permitió a los agricultores aumentar la producción en la región con menor riesgo.

“Los resultados generados por las investigaciones son de fundamental importancia para la parametrización y utilización de modelos agrometeorológicos”, explica Macena. “Esos modelos son usados como herramientas para identificar la cual riesgo climático las labranzas están expuestas y, de esa manera, generar informaciones más confiables sobre el riesgo involucrado en la producción de las culturas agrícolas”. Las informaciones son procesadas por computadores de alto desempeño y generan modelos de simulación y mapas para 44 especies y sistemas de producción vegetales en el Brasil.

Entre las mejorías ya implantadas está el aumento de las fajas de riesgo de pérdidas en las labranzas. “Antes, eso índice era de 20% y ahora existen indicaciones de ventanas de siembra con riesgos de 30% y 40%. O sea, se identifican riesgos de manera más amplia, dando aún más seguridad al productor en la hora de la siembra”, aclara el geógrafo Balbino Evangelista, de Embrapa Pesca y Acuicultura (TO), responsable por el Zoneamiento del maíz primera safra y del maíz safrinha para todo el País, además del trabajo para sistemas integrados, especialmente el consorcio entre maíz y braquiaria, a ser entregue en 2019.

“Una base de datos más robusta, sistemas de procesamiento más robustos y ágiles y acoplados en nuevas herramientas de apoyo a la tomada de decisión, además del proceso de validación del Zoneamiento en condiciones reales de campo, junto a los representantes de las cadenas productivas, son recursos que aumentan la confiabilidad de la herramienta y contribuyen para mejores resultados en el campo”, analiza Evangelista.

“es un ejemplo de trabajo multidisciplinar en Embrapa y también multinstitucional”, declara el investigador José Renato Bouças Farias, jefe-general de Embrapa Soja (PR). “Ahora estamos buscando introducir nuevas metodologías de análisis, nuevos factores de riesgo, contemplar regiones de expansión de la cultura y diferentes alícuotas de seguro”, cuenta Farias. Segundo él, son usados datos de estaciones meteorológicas, distribuidas en Brasil, para rodar los modelos, cuyos resultados son, posteriormente, validados en campo. Los investigadores observan y cuantifican el comportamiento de la cultura frente a determinada adversidad climática, en experimentos y labranzas comerciales.

En el caso de la soya, la base genética de la cultura cambió desde los años 1990. “Precisamos también cambiar los parámetros para cuantificar, de forma más precisa, los riesgos. Y aún estamos evaluando otros factores de riesgo, como lluvia en la cosecha, temperaturas elevadas y otros”, revela.

Farias recuerda que la tecnología beneficia también los sistemas de Integración-Agricultura-Pecuaria-Foresta (ILPF). “Son sistemas que promueven grande beneficio a las labranzas, principalmente confiriendo mayor estabilidad en la producción. La rotación y la  diversificación de culturas, por ejemplo, tienen promovido mejor estructuración del suelo y mayor capacidad de recarga de agua en el sistema. Eso disminuye mucho el riesgo la que las culturas están sometidas”, enfatiza el investigador.

Coordinado por el Mapa, con apoyo técnico de Embrapa, el zoneamiento agrícola contó, en su fase inicial, con la participación del Instituto Nacional de Meteorología (Inmet), Departamento Nacional de Aguas y Energía Eléctrica (Dnaee) – actual Agencia Nacional de Energía Eléctrica (Aneel), Instituto Agronómico del Paraná (Iapar), Empresa de Investigación Agropecuaria y Extensión Rural de Santa Catarina (Epagri), Universidad Estadual de Campinas (Unicamp) e Instituto Agronómico (IAC) de Campinas. Actualmente 31 centros de investigaciones de Embrapa y diversas instituciones del País participan de los estudios para actualizaciones y perfeccionamiento permanentes del zoneamiento.

 

Fuente: www.embrapa.br
Texto traducido del portugués


Lea también