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09

Jul 2018

Pensando en la Sostenibilidad

Publicado por

Adalberto Luis Val, Investigador del Instituto de Investigación de la Amazonía (INPA/MCTI) y miembro del Consejo Administrativo de la Fundación Bunge

El último informe sobre las perspectivas de la población mundial presentado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) reveló que, hasta 2030, podremos alcanzar la marca de 8,6 billones de personas en el planeta.  Eso significa un aumento de 1 billón de habitantes en los próximos 12 años.  De fato, aún tendremos espacio para todos, pero, sin duda, esta nueva estimativa refuerza na urgencia de un conjunto de medidas que puedan minimizar los impactos en el medio ambiente – y de actitudes que no son más a largo plazo.

El aumento poblacional está ligado a nuestra tasa de longevidad. Con la ayuda de la tecnología, aplicada a la medicina, alcanzamos el índice record y la noticia positiva de que estamos viviendo más aumenta también nuestra responsabilidad con el futuro.  En 2030, además de ser case 9 billones de personas, como estima la ONU, quebraremos, posiblemente, la barrera de los 90 años, siguiendo una investigación sobre expectativa de vida en el mundo, hecha por el Imperial College London, conjuntamente con la Organización Mundial de la Salud (OMS).  Y, a final, ¿el planeta tendrá recursos suficientes para alimentar todos os seres vivos?

En 2005, un estudio de la ONU involucrando más de 1000 investigadores de 95 países, definido como Evaluación Ecosistémica del Milenio (AEM) para diagnóstico de las alteraciones sufridas por ecosistemas en escala global, nacional. Regional y local y de las consecuencias de tales alteraciones para el futuro de la humanidad, colocó en evidencia el término servicios ambientales, o sea, los beneficios que los ecosistemas ofrecen a para el ser humano para que ello pueda sobrevivir.

Clasificados en servicios de provisión (fuente alimentos, agua, madera, etc.), de regulación (absorción de CO2, control del clima, de enfermedades y plagas), de soporte (formación de suelo y ciclaje de nutrientes) y culturales (por el valor recreativo, educativo, estético o religioso). Los Servicios Ambientales se tornaron objeto de interés para inúmeras áreas del saber y, a lo largo de los próximos años, deben mantenerse en destaque, especialmente por cuenta del crecimiento poblacional que aumenta la demanda por recursos naturales y puede alterar los ecosistemas que garantizan la sobrevivencia de inúmeras especies, inclusive la nuestra.

Con el tema en evidencia, el sector del agronegocio, que por naturaleza ocupa parte significativa de los territorios y de los servicios ambientales a fin de generar productor y alimentos, tiene el desafío de repensar la forma como utiliza los recursos naturales. Para sustentarse, el Agronegocio tiene se aliado a las técnicas más sostenibles de ocupación, manejo de suelos y de los recursos naturales, incluyendo el agua, la siembra directa, la irrigación de precisión, la integración agricultura-pecuaria-foresta y el uso cuidadoso de nutrientes y agentes químicos diversos.  Y esa interacción entre Ciencias Agrarias y otras áreas del saber científico, tiene dado resultados positivos de tal modo que ya es posible que los sistemas productivos no apenas demanden menos de los Servicios Ambientales, más que también contribuyan para su mejoría y mayor provisión.

En Brasil, en el campo de las políticas públicas, surgieron mecanismos regulatorios y de estímulo a esa abordaje, como el Código Forestal, el Plan ABC (Agricultura de Baja Emisión de Carbono) y, hasta mismo, incentivos fiscales a productos que adopten prácticas conservacionistas, modelo llamado de Pagamiento por Servicios Ambientales (PSA), que tiene beneficiado pequeños productores. En 2015, países miembros de la ONU, incluyendo Brasil, definieron 17 objetivos para un plan de acción global (Objetivos del Desarrollo Sostenible – ODS).  Entre los objetivos están el combate a la pobreza, a el hambre (esto tópico también aborda la cuestión de la seguridad alimentaria) y a la desigualdad socioeconómica, promoción de una sociedad más saludable, y gestión adecuada de los recursos hídricos.

Paralelamente a las iniciativas en el sector del agronegocio y en el campo de las políticas públicas, surgen, también acciones que estimulan el interés por el tema servicios ambientales en los sectores públicos y privados. En el inicio de marzo de esto año, el gobierno federal lanzó  el Premio ODS Brasil, con el objetivo de reconocer buenas prácticas locales para el cumplimiento de las metas que componen los Objetivos de Desarrollo Sostenible.  En el mismo mes, la Fundación Bunge anunció el área de servicios ambientales, como del tradicional Premio Fundación Bunge, que estimula nuevos talentos u reconoce profesionales que contribuyen para las áreas de ciencia y de la cultura en Brasil.

La alianza entre servicios ambientales y agronegocio es rica en posibilidades y debe avanzar cada vez más, pensando en la sostenibilidad y preservación de los ecosistemas.  Todos nosotros ganaremos con eso, a final, la lluvia que cae en diferentes regiones del país depende de la foresta amazónica en pie.  Es de la biodiversidad preservada que depende la reserva de material genético necesaria para que investigadores desarrollen especies y variedades de plantas adaptadas a diferentes condiciones ambientales.  Es de suelos conservados y de matas preservadas que dependen emprendimientos más prósperos.

Así, para un mundo mejor y abundante en recursos esenciales para todas las especies, es de suma importancia crear una conexión, un equilibrio entre la preservación del medio ambiente y el agronegocio, que incluye también la agricultura familiar, responsable por buena parte de los alimentos que hoy están en las mesas de almuerzo y cena.  Solamente con un equilibrio estaremos extrayendo aquello que es fundamental para nuestra sobrevivencia y, al mismo tiempo, reponiendo e incentivando la generación de los servicios que son producidos por la madre naturaleza.

Fuente: Periódico Correio Braziliense – edición de Lunes, 09 de julio
Texto traducido del portugués


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