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10

Abr 2019

Ciencia recupera suelos degradados en áreas petrolíferas en el Nordeste de Brasil

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Investigadores desarrollaron una metodología que posibilita el crecimiento rápido de especies arbóreas y arbustivas en suelos degradados por las actividades de producción de petróleo y gas natural. La base es una tecnología ya consagrada hace más de dos décadas para recuperación de áreas degradadas por la minería y aplicada en el Sudeste y en Norte del país. El trabajo de recuperación fue validado y cuenta con más de una década de estudios. Los científicos pretenden ahora capacitar técnicos para actuar en la recuperación de áreas degradadas a fin de que retome la vegetación nativa o sean destinadas a agricultura o pastos.

El estudio, en las regiones del Vale do Assu, Mossoró y Macau, en el Rio Grande do Norte, es fruto de una alianza entre  Embrapa y la Petrobras, y cuenta con la participación de la Universidad Federal Rural del Semi-Árido (Ufersa). “En las siembras hechas hace doce años, ya es posible ver animales y plantas de la Caatinga nativa presentes, superando inclusive uno de los mayores períodos de seca en la región, entre 2012 y 2017”, atesta Alexander Resende, investigador de Embrapa Agrobiología (RJ).

Los suelos después de la extracción mineral quedan muy pedregosos, con bajo tenor de materia orgánica, en un bioma que llueve menos de 600 mm por año. Eso tipo de ambiente, creado a partir de la minería de pizarra, es un ambiente nuevo, creado por el hombre y no existente en la Caatinga nativa. Por eso motivo, fue necesario buscar especies capaces de adaptarse a eso sistema. La técnica desarrollada por Embrapa utiliza principalmente especies de la familia de las leguminosas que, inoculadas con bacterias y hongos, adquieren mayor resistencia y consiguen crecer en medio al suelo degradado por las actividades de producción de petróleo.

Son 191 hectáreas en proceso de recuperación y cerca de 200 mil mudas sembradas. Segundo los investigadores, fueron testadas varias especies y formas de siembra. Las juremas negras y blanca (Mimosa tenuiflora), así como el sabiá (Turdus), son ejemplos de algunas plantas que se adaptaron bien. Ellas son fertilizadas con esterco y, cuando posible, sembradas sobre áreas en las cuales adicionase suelo superficial proveniente de nuevas asignaciones de pozos de petróleo.

Las áreas recuperadas tendrían características bien peculiares, pues se trataban de yacimientos de extracción de pizarra (material utilizado en embasamiento de las construcciones civil y de petróleo, similar a la grava) y pozos de petróleo en tierra. Delante de dos situaciones diferentes, los investigadores precisaron adaptar la técnica para cada una de ellas.

Foco en la siembra y en la retención de agua

La viabilidad de siembras en periodos secos, así como la evalaución de métodos que aumenten la retención de agua en el suelo, fueron premisas de la alianza. Para contornar el estrese hídrico, los investigadores de Embrapa utilizaron estrategias para preservar la humidad del suelo en la pos-siembra, como la adición de paja de carnauba (Copernicia prunifera), el uso de mudas con raíces alongadas y de acondicionadores de humidad del suelo como esterco e hidrogel. “Ya tenemos plantas como la orelha-de-macaco (Enterolobium contortisiliquum) y la jurema con más de tres metros de altura en menos de dos años de siembra, lo que es un resultado excelente para las condiciones en que estamos trabajando”, conmemora el investigador de Embrapa Guilherme Chaer, Recuperar eso tipo de área degradada es complexo y puede ser bastante oneroso, data la severidad de alteración en el ecosistema. El ingeniero ambiental del Centro de Investigaciones y Desarrollo de la Petrobras (Cenpes), Frederico Machado, explica que el objetivo inicial era reducir el tiempo y disminuir los costos de la recuperación de las áreas en el Nordeste. Pero la alianza entre los investigadores de las dos estatales dio tan cierto que el resultado puede ser llevado para otras regiones. “A pesar de las especificidades del bioma, acreditase que algunas técnicas podrán ser utilizadas en otras unidades operacionales de la compañía”, revela Machado.

Restauración ecológica con retorno económico

La mayoría de esas áreas son arrendadas y precisan ser retornadas a los propietarios en condiciones para el desarrollo de actividades productivas o para recomposición de la reserva legal de la propiedad. El analista ambiental de la Unidad Operacional de Rio Grande Norte y del Ceará/Petrobras Erik Petric explica que las acciones de recuperación ambiental son definidas de acuerdo con las directrices establecidas por los órganos de fiscalización ambiental y de uso que el propietario pretende dar a sus tierras al recibirlas de volta. Petric acompaña las investigaciones en el Rio Grande do Norte hace 12 años. “Sin esa técnica estaríamos enfrentando dificultades para tener suceso en la recuperación de nuestras áreas”, explica el analista.

Aunque ya tengamos comprobado el suceso de la técnica, los investigadores quieren ahora ampliar el número de especies y también viabilizar nuevas alternativas de siembra que concilien la restauración ecológica con el retorno económico. “Estamos evaluando la adaptabilidad de cerca de 30 especies, entre ellas algunas bien emblemáticas del Semiárido, como el mandacaru (Cereus jamacaru), la carnaúba y la catanduva (Pityrocarpa moniliformis), las fructíferas como el marañón y el umbu (Spondias tuberosa), y otras con potencial maderero como el sabiá y la aroeira (Schinus terebinthifolius)”, detalla Chaer.

En el área usada por la investigación, los científicos pretenden crear una especie de vitrina de tecnologías para capacitación de técnicos y agricultores. “Queremos demonstrar que es posible dar uso económico a esas áreas en proceso de recuperación”, informa Chaer. La idea es utilizar las técnicas de revegetación para restaurar el medio ambiente en el bioma Caatinga y también introducir sistemas de producción sostenible como, por ejemplo, silvipastoriles y agroforestales.

Drones monitorean la recuperación

Los investigadores de Embrapa y de la Petrobras introdujeron nuevas herramientas en el monitoreo de las áreas revegetadas, como el uso de drones para tirar fotos y evaluar como las plantas están creciendo y ocupando el suelo. “El objetivo en eso caso es verificar la velocidad con que las plantas cubren el suelo y la tasa de variación entre el periodo de seca y de la lluvia”, revela el investigador de Embrapa Alexander Resende.

Toda área es monitoreada. Los investigadores quieren evaluar el desarrollo y la sobrevivencia de las especies introducidas desde los primeros años del estudio, verificar el efecto de esas siembras en la selección natural de nuevas especies y en la recuperación del substrato de los ambientes degradados. “Tener la posibilidad de continuar evaluando experimentos de más de diez años en eso bioma aún poco estudiado es un marco para la investigación en Brasil”, analiza el ingeniero ambiental del Cenpes/Petrobras Frederico Machado.

Fuente:  www.embrapa.br
Texto traducido del portugués


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