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01

Abr 2019

Una oportunidad llamada Indicación Geográfica

Publicado por

 Édson Bolfe, Investigador de Embrapa y
Científico Visitante Cirad (Francia)

En la antigüedad, ya había productos de calidad superior asociados a un territorio, a ejemplo de las támaras egipcias y de los vinos romanos. En el siglo XVII, países europeos elaboraron normas de protección aplicadas al queso Roquefort, en la Francia, y al vino del Douro, en Portugal. Eso fundamenta las bases de las Indicaciones Geográficas (IG). Hoy, salamis italianos, jamones españoles, vinos franceses, dulces portugueses, aceites grecos, aguardiente brasileñas y tés indianos también hacen parte de un mercado que incluye 40 mil productos con IG en todo el mundo y mueve billones de dólares/año.

En Brasil, el registro de IG tuvo inicio en 1996. Actualmente son 51 Indicaciones de Procedencias (IP) y 11 Denominaciones de Origen (DO). Otras 30 están en análisis en el Instituto Nacional de Propiedad Industrial (INPI). Una IP es el reconocimiento de un local o región que se tornó notorio por producir o extraer un producto. Ejemplo da carne bovina del Pampa y vinos moscateles de Farroupilha (RS), hierba-mate de São Matheus (PR), café da Alta Mogiana (SP), aguardiente de Paraty (RJ), queso de la Canastra (MG), miel del Pantanal (MT y MS), uva y manga del Vale do São Francisco (BA y PE). Ya una DO es obtenida cuando las características resultan de la influencia del origen geográfica, incluyendo factores humanos y naturales. O sea, en ningún otro lugar es posible producir un vino con características iguales a los del Vale dos Vinhedos do Sul, del café del Cerrado minero, o de los camarones de la Costa Negra del Ceará.

INPI, Ministerio de la Agricultura, Embrapa, Sebrae, universidades, empresas, asociaciones, cooperativas y startups actúan en la generación de IGs y aumentan las ventajas en el comercio nacional e internacional. Económicamente, agregan valor a los productos, incentivan el turismo, generan empleo y renta. Socialmente, protege prácticas culturales, valorizan el “saber hacer” y la identidad regional. Ambientalmente, preservan recursos naturales, pues dependen de las buenas condiciones de la biodiversidad, suelo, agua y clima.

Los consumidores están cada vez más exigentes en calidad y garantía de origen. Sistemas sostenibles, agricultura digital y geo-rastreabilidad mejoran la producción y el acceso a los mercados. Agricultores, empresarios, extensionistas, profesores e investigadores pueden aprovechar convergencias de conocimientos, tradiciones y tecnologías para crear nuevas oportunidades de Indicaciones Geográficas en favor del desarrollo rural brasileño.

Fuente:  Secretaría de Inteligencia y Relaciones Estratégicas (SIRE) – www.embrapa.br. Artículo publicado en la edición del 31 de marzo de 2019 del periódico Zero Hora.
Texto traducido del portugués


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