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06

Feb 2018

Una agenda ambiciosa, para producir más y mejor

Publicado por

Manuel Otero es Director General del Instituto
Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA)

En un mundo preocupado y acotado por el deterioro de los recursos naturales y el cambio climático, el “business as usual” ha dejado de ser una opción. Se torna imperativo modificar estrategias y conductas para producir más y mejor. Nuevos marcos institucionales para una agricultura más productiva, inclusiva y resiliente, con activa participación de jóvenes y mujeres, son posibles y deben ser el norte de los esfuerzos de quienes trabajan para elaborar e implementar políticas públicas de calidad.

Es más necesaria que nunca la decisión de contribuir para dejar atrás la errónea visión del sector agropecuario como extractivista y generador de bienes primarios.

Se trata de una condición necesaria para cumplir con plenitud objetivos nobles y perdurables: superar la limitada mirada que adjudica a la actividad agrícola la función de mero proveedor de materias primas para las cadenas globales de valor y trabajar con una visión transformadora que permita convertir a los territorios rurales en una gran fábrica de alimentos procesados, bioenergías, pro-bióticos, nutracéuticos y bio-materiales.

Es momento de ver a la agricultura como la industria de la bio-masa y como un actor central de los nuevos tiempos en sociedades que aspiran ser menos dependientes de los recursos fósiles y en camino a implementar estrategias productivas climáticamente responsables.

Esto es justamente lo que hace de la actividad agrícola parte inseparable de la solución a problemas acuciantes de nuestro planeta: la inseguridad alimentaria y nutricional, y las crisis poblacional, energética y ambiental.

Se trata, en suma, de contribuir a una industrialización inteligente a partir de nuestros abundantes recursos biológicos, y de promover mayor diversidad sectorial, competitividad internacional, empleos y mitigación del cambio climático, apoyados en la ciencia y la tecnología.

La bio-economía expresa en buena medida esa visión transformadora para promover una producción sustentable desde la gran base de recursos naturales que poseemos.

Este cambio de paradigma plantea también un nuevo protagonismo de las zonas rurales, que deben ser vistas como focos de progreso, con nuevas tecnologías y conectividad, revirtiendo el estigma que las confina como generadoras de pobreza y expulsoras de recursos humanos.

Esta necesaria modernización e industrialización del sector agrícola debe alcanzar también a los pequeños productores, lo que redundará en un aumento de la participación de Argentina y los países americanos en general en el comercio mundial.

La base de ese proceso será nuestra envidiable dotación de recursos naturales y posicionará a nuestro país y a nuestro continente como garantes fundamentales no sólo de la seguridad alimentaria y nutricional del mundo sino, también, de la sustentabilidad ambiental del planeta.

La promoción de esta industrialización inteligente requiere de políticas de incentivo por parte de los gobiernos. Otra vez, la mira debe apuntar a los pequeños productores, que tienen que ser objeto de adecuados procesos de transferencia de tecnología y deben ser vistos como protagonistas de una agricultura de nicho, bien especializada, con denominación de origen, producción certificada, que den a sus bienes una identidad que los mercados pagan. Tenemos todo lo que hace falta para emprender ese camino. Sería imperdonable que no aprovecháramos la oportunidad.

Fuente: Periódico Clarín – Edición del 31 de enero


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