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12

Nov 2018

Tecnología y Sociedad, promesas y peligros

Publicado por

Maurício Antonio Lopes, Investigador de Embrapa

Al analizar el acelerado desarrollo científico y tecnológico de esto nuestro tiempo, Klaus Schwab, fundador del Foro Económico y Mundial, concluye que “nunca vivemos una época de mayor promesa y también de mayor peligro”. Segundo él, nosotros necesitamos construir una visión inclusiva y globalmente compartida sobre cómo la tecnología está afectando nuestra vida y remodelando los ambiente económicos, sociales, culturales y humanos.  La alerta es prudente, considerando, por ejemplo, el surgimiento de mega corporaciones acumulando enorme poder, los cambios radicales en el mundo de trabajo y el impacto de la tecnología en las relaciones humanas.

Y nosotros estamos apenas iniciando los primeros pasos en la era de las tecnologías exponenciales, que revelan capacidad y alcance multiplicados en plazos cada vez más cortos y a costos cada vez menores.  Un Ejemplo clásico de avance tecnológico exponencial es la famosa Ley de Moore, basada en un pronóstico de 1965 que se reveló verdadero: lo que el poder de procesamiento de los computadores duplicaría a cada dos 18 meses. Desde entonces, el rápido desarrollo de las tecnologías digitales promovió enorme evolución de procesos, competencias y modelos de negocios, cambios que caracterizan nueva revolución industrial, en la cual estamos inmersos.

La transformación digital crea soluciones que pueden operar en sinergia o en “fertilización cruzada”, acelerando saltos tecnológicos que caracterizan el progreso exponencial que ya experimentamos con los medios de comunicación sociales, el comercio electrónico, la internet de las cosas, la inteligencia artificial, la robótica.  Innovaciones exponenciales que ampliarán con la inevitable explosión de la conectividad.  Hoy don 4 billones de usuarios de la internet, que llegarán a 6 billones hasta 2020, año en que se estima que atingiremos 1 trillón de dispositivos conectados a la internet de las cosas, con sensores, actuadores y rastreadores operando a y generando datos en todos los cantos del planeta.

Eso escenario de cambios radicales prenuncia innúmeros avances, pero también muchos peligros, como alerta Klaus Schowab. En cuanto la tecnología avanza con tasas exponenciales, las instituciones – principalmente la públicas – se adaptan a tasas muy más lentas. ¿Cómo conciliar capacidad y acción para respuestas e desafíos en la frontera del conocimiento, con capacidad y acción para garantizar, de forma amplia, los derechos más básicos de las poblaciones, como habitación, educación, salud y seguridad?  Es cierto que los gobiernos tradicionales, operando estructuras con limitada coordinación y sinergia, serán capaces de comprender la realidad emergente y, por eso, estarán menos aptos a ofrecer respuestas a los complexos desafíos a la frente.

Además, delante de la constante evolución de la ciencia y de la tecnología, más innovaciones surgirán, y los vacíos tenderán a quedar cada vez más grandes.  Ciudadanos, con acceso facilitado a la información y al conocimiento, vehiculados de forma masiva por los medios digitales, se tornarán más aclarados, engajados y exigentes, hostigando más y más los gobernantes, conforme, tiene sido manifestado a cada nueva elección alrededor del mundo. Nuevos modelos empresariales emergen, incorporando conceptos, herramientas y prácticas de organización, gestión y gobernanza, lo que hace el mundo privado exigir más de los gobiernos, en su función ejecutiva y estructurante, o en su papel de formular y perfeccionar políticas públicas adecuadas. Por eso nunca fue tan necesario rediseñar modelos de gestión pública, tornándolos capaces de dialogar con el mundo en transformación.

Ya no es demás decir que una era de avances exponenciales pide gobiernos capaces de incorporar tecnologías y modelos de trabajo también exponenciales, con ajustes en competencias, infraestructura y coordinación. Nueva fuerza de trabajo ágil y adaptable a cambios continuos precisará ser formada.  Trabajar con los ciudadanos y comprometer comunidades será imperativo para captar señales, cooperar y validar acciones de gobierno. Infraestructura padecerá de costos altos y rápida de la obsolescencia. Por eso, eliminar redundancias, crear modelos y plataformas de datos, planeamiento y proyectos compartidos serán cambios obligatorios. El gobierno del futuro precisará ser colaborativo y compartido. Infraestructura digital ya permite que ciudadanos en cualquier lugar del país compartan experiencias, soliciten y ayuden a viabilizar nuevos servicios públicos.

Pero es en el campo de la coordinación que están los mayores desafíos para la gestión pública. Para progresar, los países precisarán lidiar con sistemas y procesos, en vez de perderse administrando silos cerrados y conflictos. Por ejemplo, en un país como el Brasil, agricultura, recursos naturales, agroindustrias, comercios y relaciones internacionales precisan hacer parte de un continuo, coordinado por un sistema de inteligencia estratégica.  Para consolidarse como potencia alimentaria y ambiental, el país precisará integrar datos e informaciones de los ambientes público y privado, realizar análisis predictivas y contextuales, orientar políticas, definir metas y métricas de desempeño e innovación, lo que solo podrá ser alcanzado con cambios radicales en estructuras, liderazgo y coordinación.

Muchos talvez digan que todo eso es sueño, e imposible de realizar en Brasil. En problema es que, sin coraje y osadía, gobiernos e instituciones no se reinventaron en tiempo de enfrentar el mundo desafiador que surge.  Innovar necesitará tornarse un deber, diariamente cobrado a todo gestor público.

Fuente: Periódico Correio Braziliense – Edición de Domingo, 11 de noviembre
Texto traducido del portugués


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