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04

Abr 2019

Perdidas y desperdicios de alimentos

Publicado por

Murillo Freire Júnior, Investigador de Embrapa

Pérdidas y desperdicios de alimentos afectan la sostenibilidad de los sistemas alimentarios, reducen la disponibilidad local y global de alimentos y la renta de los productores, aumentan los precios para los consumidores y tienen un impacto negativo sobre la nutrición y la salud.  Además, afectan el medio ambiente por el uso insostenible de los recursos naturales.

Pérdidas se refieren a algo no intencional y ocurren en toda la cadena productiva, desde la siembra hasta el consumidor, debido a la falta de infraestructura adecuada.  Son muchas las causas.  Entre las principales están el manoseo inadecuado de los productos en el campo, falta de clasificación uniformizada en la cadena productiva, uso de embalajes inadecuadas, vehículos con mucha carga, estradas deficientes, logística y almacenamiento inadecuados.  Por su vez, desperdicio ocurre generalmente en la venta, incluyendo el exceso de manoseo de los productos por parte de los consumidores en las góndolas de exposición.  También es el caso de alimentos con fecha de fabricación vencida, productos considerados feos y, por eso, no comercializados y descartados, además de las sobras de alimentos ocurridas en restaurantes, hoteles, residencias, etc.

Se, por un lado, es posible aumentar la oferta de alimentos, por otro, y talvez más fácil, cada uno puede reducir las pérdidas que comienzan en la pre-cosecha y van al pos consumo.  Gobierno, empresas privadas, mayoristas y menoristas saben lo que hacer y, por motivos diversos, pueden no cumplir su papel.  El consumidor que, muchas veces, es desinformado o desatento no acostumbra notar que es responsable por parte importante del exagerado volumen del desperdicio.

Algunas pistas son mucho simples:  la primera es planear las comidas, elaborando menús semanales, por ejemplo; llevar lista detallada para las comprar, después de mirar lo que falta en la refrigeradora y en la despensa; no se inhibir de comprar frutas o leguminas y verduras feos o con defecto.  Ellos son perfectamente adecuados para consumo, una vez que poseen las mismas características nutricionales de los bonitos.  De esa forma, se reduce la cantidad de alimentos que van para la basura, sin necesidad. En la compra, cuidado con el manoseo errado o excesivo, pues puede dañificar el alimento y aumentar el desperdicio.

Y existen los tallos, hojas y cascas de algunos vegetales.  ¿Por qué despresarlos? Existen recetas de tortas, sopas y guisos capaces de transformarlos en platos no apenas nutritivos, pero también sabrosos. Y, en la hora de comer, enseñar los niños a servir pequeñas cantidades. Se no fuera suficiente, siempre es posible volver y llenar el espacio vacío en el plato.

Nosotros, consumidores, muchas veces, pensamos que no hacemos la diferencia, pero la creación de una cultura de aprovechamiento de los alimentos evitaría altos costos ambientales, que incluyen el desperdicio de energía e insumos utilizados en la fase de producción – agua, combustible, fertilizantes, defensivos, embalajes, transporte y almacenamiento.  Adicionalmente, los alimentos depositados en aterros sanitarios, o simplemente descartados en el ambiente, producen metano, gas con efecto invernadero 23 veces más potente que el dióxido de carbono.

Reducir las pérdidas y el desperdicio de alimentos es fundamental para la sostenibilidad del medio ambiente, para la mayor eficiencia del uso del agua, de los insumos agrícolas y para el uso sostenible de la energía gasta en la producción de alimentos en el campo. ¡Bueno para la economía y bueno para la salud!

Fuente:  Periódico Correio Braziliense – edición del o4 de abril
Texto traducido del portugués


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