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15

Mar 2019

LaTravesía Alimentaria

Publicado por

José Graziano da Silva, Director General de la FAO

El adviento de la Agenda 2030 de las Naciones Unidas marcó el empeño colectivo en construir los grandes consensos que nortean los padrones de desarrollo, que necesita ser social, ambiental y económicamente sostenible.

Para la Organización de las Naciones Unidas para Alimentación y Agricultura (FAO), uno de los pilares fundamentales de la sostenibilidad es entender la seguridad alimentaria no más como un atributo de la oferta de alimentos, pero de la calidad de lo que se consomé y de lo que se produce, atendiendo a interacciones cada vez más imperativas entre dieta humana, salud pública y responsabilidad compartida por los recursos naturales que forman las bases de la vida en la Tierra.

Existe en esa ecuación un siglo 21 aún no enteramente visible, pero cada vez menos oculto, como muestran las señales que el mercado no cesa de emitir.

Cambios en la preferencia del consumidor tienen disparado alertas recurrentes en los balances de las grandes compañías globales de alimentos industrializados como tiene sido divulgado por diversos periódicos nacionales e internacionales.  Significa, pérdida de apelo de marketing y retornos declinantes señaliza el crepúsculo de un padrón de dietas saturadas del azúcar y gordura, cuya revisión requiere fuerte investimento en el nuevo paradigma en curso – “Lo que no es saludable no es alimento”.

Agricultores de todo el mundo están involucrados con el desafío de atender a la demanda creciente por gorduras consideradas saludables, lo que aumentó los precios medios del aguacate, de la mantequilla, del aceite de oliva y del salmón en case 60% en los últimos cinco años.

Tal demanda se apoya, sobre todo, en el conocimiento creciente de los maleficios de dietas insalubres.  La espiral del sobrepeso ya afecta más de 2 billones de individuos en el planeta, entre ellos, alrededor de 670 millones de obesos.

Un tercio de la población mundial enfrenta enfermedades que se tornan la principal fuente de gastos de los sistemas de salud: costa cerca de US$ 2 trillones al año (2,8% del PIB mundial), tiene impacto social y académico equivalente a las competencias del cigarrillo o de los conflictos armados.

La escalada no respecta más fronteras de excepción geográfica, social o etaria.  La obesidad se globalizó.  Y también la mundialización de dietas empobrecedoras, de elevado tenor de gordura, azúcares y sal puede no apenas convivir como mascarar el hambre y la mala nutrición:  más de la mitad de los individuos obesos viven en naciones en desarrollo.

La seguridad alimentaria heredada del siglo 20 no está capacitada para cuidar de una mutación en que el abastecimiento al mismo tiempo acaba con el hambre y abastece el cuerpo, magnifica la productividad y disemina el hambre, depende y desguarnece el equilibrio ambiental.

 Las discrepancias evidencian la singularidad del desconocido que está batiendo en la porta: no basta más insistir en la expansión de la oferta, aún que sea importante fomentarla en el núcleo duro del hambre, hoy alojado en los cerca de 500 millones de agricultores familiares del planeta.

La conclusión incontestable es que, es necesario reposicionar nuestros sistemas alimentarios, que ora visan apenas fornecer comida, para sistemas de nutrición englobantes, que sean al mismo tiempo socialmente convergentes e imperativamente saludables para el metabolismo humano y el planeta.

Los reveses e los balances de las corporaciones alimentarias dejan poco espacio al catecismo de la inercia.

Cambios y oportunidades en curso convocan a amplia revisión del pacto alimentario sedimentado en la pos guerra, cuando el saldo de 50 millones de cadáveres produzco un irrefrenable deseo de paz, logo traducido en la aspiración por instituciones capaces de conducir la humanidad a un abrigo a salvo del desorden y de escasez que siguió a la Grande depresión de 1929, cuando los mercados desregulados, redujeron la economía mundial a una montaña desordenada de ruinas.

La productividad capaz de erradicar a hambre se irguió ahí como una viga maestra de la reconstrucción, alcanzando sucesos expresivos gracias a las semillas mejoradas, a la mecanización y al paquete químico de la Revolución Verde de los años 1960/1970.

Tenemos el privilegio de aprender con el pasado y proyectar el futuro. Eso infantado humano debe anticipar respuestas a las cobranzas que fermentan el calderón sobresaltada de esto nuevo divisor del desarrollo.

La aparente sobriedad de la travesía alimentaria a ser trillada de esta vez no debe iludir.  Además de la fragmentación política en función de la incertidumbre, ala desorden alimentario extienden al propio cuerpo humano el campo de batalla donde se traba brazo de hierro entre el pasado y el futuro alimentario de la humanidad,  la transición para el siglo 21está impregnada alrededor de nosotros.  Y dentro de nosotros.

Fuente: periódico Correio Braziliense – edición del 14 de marzo
Texto traducido del portugués


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