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12

Mar 2018

La Real Contribución del campo

Publicado por

Maurício Antônio Lopes, Presidente de Embrapa

El Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE) divulgó los resultados de la economía brasileña en 2017, año que marcó el fin de la recesión y la retomada del crecimiento. Los records de la producción agropecuaria, registrados y ampliamente divulgados por na CONAB, impulsó el desempeño del país con un avanzo 13% mayor que el registrado en 2016. El campo contribuyó con 60% del crecimiento en la economía como un todo, en cuanto los servicios crecieron 0,3% y la industria permaneció con los mismos índices del año anterior.    Además del mayor crecimiento registrado desde 1996, los agricultores garantieron la oferta regular de alimentos a la población, lo que permitió reducir la inflación.  Al mismo tiempo, aumentaron las exportaciones, lo que colaboró para el mayor saldo comercial de la historia del país, US$ 67 billones.

Las labranzas y la pecuaria provocan una reacción en cadena e influyen todo un sistema de negocios e industrias, involucrando abastecedores de insumos e servicios, la industria transformadora de alimentos y fibras, el sistema de almacenaje y transporte, marketing, distribución, en fin in complejo de operaciones, conocido como agronegocio, que tiene grande impacto na economía.  Imposible, pues no considerar los inmensos efectos del campo, antes e después de las labranzas e de las creaciones, desde los fabricantes de enorme gama de insumos, máquinas y equipos, hasta las industrias de lacticinios, bebidas, frigoríficos, tejeduría, mayoristas, supermercados e distribuidores de frutas y hortalizas frescas, entre muchos otros.

Conviene destacar que esas actividades, tan importante para el día a día de las personas, tienen impacto en todo nuestro inmenso territorio.  Lubrifican el empleo en el campo, en las ciudades y en el comercio en todos los rincones de Brasil. Alimentan las exportaciones, que generan consecuencias enormes en el desarrollo económico, permitiendo financiar el capital de la industria, generando divisas que posibilitan a nosotros importar lo que no se produce aquí, además de garantizar una posición de destaque al Brasil, como poderoso proveedor de alimentos para el mundo.  La alimentación del pueblo brasileño, a precios declinantes, corresponde a una gran transferencia de renta para los más pobres, manteniendo la inflación en queda, o estable, y fortaleciendo toda la economía.

Aun así, muchos analizan la agropecuaria con preconcepto. Un grave error. Potencias económicas, como Estados Unidos, Canadá, Alemana y Francia, valorizan y protegen con todos los instrumentos posibles sus sectores agrícolas. El fato es que muchos no perciben los inmensos efectos directos, indirectos o inducidos por el aumento de las actividades económicas relacionadas al campo.

Cosechar, estocar y procesar la safra demanda máquinas sofisticadas, estradas, puentes, secadores, silos. Comercializar, transportar y transformar los productos del campo demanda cooperativas, tradings, navíos, trenes, camiones, puertos. Eso genera procura por acero, asfalto, componentes industriales sofisticados y múltiples servicios especializados en el campo de las finanzas, del comercio, de la gestión de riesgos, de la seguridad, de las comunidades, etc.  Una infinidad de efectos indirectos e inducidos, combinados a los efectos directos, fornece mejor dimensión de la real contribución del país. Por lo tanto, es fácil percibir que, sin los efectos directos, indirectos e inducidos por la agropecuaria, la economía brasileña tendría experimentado significativa queda en vez de progreso en 2017.

E, na medida en que el campo agrega valor, diversificada y especializada a su producción, el potencial de beneficios para la economía y la sociedad crece aún más. El Brasil ya transforma grande parte de sus granos en carnes y componentes industriales, como aceites y almidones.  La fruticultura nacional es considerada una de las más diversificadas del mundo y cada vez más alcanzar mercados sofisticados y rentables. Derivados de caña de azúcar ya pueden ser transformados en botella plástica, aviones ya realizan los primeros vuelos comerciales utilizando bioqueroseno como combustibles y es creciente la producción de cosméticos, esencias, aromas e sabores diferenciados a partir de nuestra biodiversidad.

Y es cada vez más armónica la relación entre la producción y el medio ambiente.  Al evaluar la evolución de las emisiones de gases en el periodo entre 2010 y 2014 (último dato oficial), la agricultura tuvo aumento de 4.3%, a pesar de espectacular avanzo del sector. Exceptuando cambios en el uso de la tierra, con reducción de 33,2% de emisiones, la agricultura tuvo mejor desempeño que los sectores de energía, industria y tratamiento de residuos. Al incorporar prácticas sostenibles, el Brasil ya embota como un competidor diferenciado. Capaz de producir, por ejemplo, carne carbono neutro, como recientemente demostrado por Embrapa.

En momento en que la mayoría de los países se debate con en envilecimiento de la población rural y con el bajo atractivo del campo para las nuevas generaciones, el movimiento en Brasil es exactamente el contrario.  La agropecuaria brasileña atrae cada vez más jóvenes, ciertos de que vale a pena investir en inteligencia y creatividad volteados para el mundo de la alimentación y de la agricultura.  Son innúmeros los ejemplos de startups y de jóvenes emprendedores que buscan atender productores cada vez más ávidos en búsqueda del nuevo.  Así, el campo contribuye para la construcción de un concepto de País contemporáneo, focado en el uso inteligente de nuestros recursos naturales, en la producción sostenible y en bien estar de la población brasileña.

Fuente: Periódico Correio Braziliense – Edición de Domingo, 11 de marzo

Texto traducido del portugués


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