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21

May 2019

Dinosauros y drones

Publicado por

Roberto Rodrigues, Ex Ministro de Agricultura de Brasil y
Miembro del Consejo Consultivo en el Instituto Foro del Futuro

Uno de los principales responsables por los avances del agronegocio en Brasil tiene sido, sin la menor sombra duda, la tecnología tropical sostenible aquí desarrollada y aplicada extensivamente por los productores rurales. Ella es la causadora del aumento de productividad agrícola, reduciendo la demanda por más tierras y, de esa forma, preservando áreas cubiertas por vegetación nativa de cualquier naturaleza. Basta un número para ejemplificar: de la cosecha de 1976 hasta hoy, la producción de granos creció 397%, en cuanto el área sembrada, segundo el Ministerio de la Agricultura, Pecuaria y Abastecimiento, aumentó apenas 45%. Eso reduzco la demanda por áreas nuevas. Actualmente, tenemos 62 millones de hectáreas cultivadas con granos. Se tuviéramos hoy la misma productividad de la época del Plan Collor (marzo de 1990), serían necesarios más 91 millones de hectáreas para cosechar la safra de esto año, esto es, precisaríamos tener deforestado esa gigantesca área.

Las nuevas tecnologías para la llamada “agricultura 4.0” viene llegando a los borbotones: empresas públicas o privadas inversionan continuamente en innovación en el área de insumos menos agresivos al medio ambiente, en equipamientos que consumen menos combustible y con sofisticados instrumentos ligados a satélites; agritechs y startups producen novedades en gestión e informaciones que permiten decisiones rápidas y precisas sobre lo que y cómo hacer.

Y aquí reside una preocupación: son tantas y tan disruptivas las nuevas tecnologías que ellas pueden transformarse en un factor de concentración de renta y riqueza en el campo. Solo grandes productores con equipos interdisciplinares capacitadas conseguirán acceder el universo de la internet de las cosas (IoT) y de la digitalización y transformar las informaciones allí generadas en elementos de gestión y de avanzos técnicos.

Es lo que ya está aconteciendo en la mecanización: en las principales ferias agropecuarias, que se multiplican por el país todo, están expuestas máquinas poderosas que cosechan más de 30 hectáreas de granos por día, drones que sobrevuelan áreas enormes identificando los locales donde pulverizar cual producto, y así por delante. La lamentable falta de conectividad que existe en el país inhibe la amplia digitalización en el campo, y los grandes fabricantes de máquinas ya están vendiendo paquetes con torres de transmisión de datos. Tanta novedad reducirá los costos de producción, aumentar la productividad y mejorar la renta. Pero ¿cómo queda aquello productor que tiene 20 hectáreas y no puede acceder todo eso?

Existen muchos nuevos factores determinantes de la competitividad en el campo, comenzando con la propia sostenibilidad, claro. Pero hoy, los temas centrales son tecnología de la información (base para la digitalización), biotecnología, nanotecnología y gente preparada. La tecnología de la información involucra componentes de software y hardware que facilitan la comunicación y los procesos en el ámbito de la virtualidad. Dispositivos embarcados en máquinas o fijos en las oficinas permiten la automación de los procesos, optimizando resultados. La gestión se basa en datos producidos por las tecnologías digitales e interpretados correctamente.

Sensores, nube, comunicación entre máquinas, técnicas de análisis son las nuevas realidades. Nanosensores propagados por los diferentes tallones de una grande propiedad informarán en tiempo real la temperatura y la humedad del aire y del suelo, la dirección y la velocidad del viento, así mitigando una de las mayores incertidumbres del trabajo rural, la variación climática. Las informaciones cosechadas serán asociadas a las informaciones de los drones — controlados remotamente del nivel del suelo — sobre debilidad de plantas o ataque de plagas y enfermedades en áreas específicas, de modo que el combate a esos enemigos será quirúrgicamente realizado, con importante reducción de costos y disminución del uso del agua y de defensivos.

El GPS acoplado a máquinas autónomas actúa junto a sensores, acelerómetros y válvulas electro-hidráulicas, funcionando con piloto automático, ampliando la ventana de siembra y permitiendo el trabajo en las 24 horas del día, con espectacular aumento de rendimiento, todo supervisado por técnicos a partir de la oficina.

También existen sensores de altura que ayudan a evaluar la topografía del terreno, mejorando muchos las barras de pulverización sin pérdidas y sin la intervención humana en el trato con defensivos. La moderna biotecnología explica mejor la fisiología vegetal, el desarrollo de las plantas y como las plagas y molestias — tan intensas en un país tropical — se propagan y son combatidas. Y genera variedades más resistentes a las plagas y a los riesgos de seca, más ricas en nutrientes y más rentables. Todo eso tiene efecto directo sobre la productividad agrícola, con un monitoreo perfecto de las operaciones en el campo, reduciendo desperdicios y superposición de servicios: la máquina desliga automáticamente se pasar de nuevo por un área ya trabajada. Y el otro efecto evidente es la reducción drástica de costos.

Ora, queda claro que los grandes productores levarán una ventaja abisal en relación a los pequeños: su producción aumenta, la oferta crece y los precios caen, regla elementar de la economía rural. Las márgenes por unidad producida se estrechan y la escala pasa a ser esencial para la formación de la renta. Y de nuevo los pequeños pierden competitividad.

¿Cómo solucionar eso problema? Tecnología es factor de concentración en todos los sectores económicos, inclusive industria y servicios. Pero en el campo es mucho más grave, porque el excluido va para la ciudad, demandando más servicios esenciales y presionando el poder público. El tejido social del campo no puede prescindir de los pequeños y medianos productores: ellos son fundamentales.

Por lo menos dos acciones son necesarias, una por el sector público y la otra por el privado. En el área pública, es preciso investir vigorosamente en la conectividad, para que las nuevas tecnologías sean accedidas por todos. Si el celular no funciona bien entre São Paulo y Campinas, ¿cómo los pequeños productores en la frontera agrícola recibirán informaciones técnicas o económicas en tiempo real? o, aún más, ¿cómo las máquinas “conversarán entre sí”? Los grandes productores tendrán torres para garantizar la conexión. Cabe al Estado crear mecanismos (alianzas público-privadas para la instalación de redes, antenas etc.). Caso contrario, habrá una clara diferencia de acceso a las innovaciones entre pequeños y grandes productores, con evidente desventaja para los primeros. En la actual coyuntura de rebaja fiscal, el crédito para el pequeño y el mediano no pode prescindir de subsidios, porque interesa a la sociedad mantenerlos en la actividad, con chance de progreso.

En el área privada, está reservado un papel central a las cooperativas agropecuarias y de crédito rural. Ellas pueden hacer, en el conjunto de los cooperados, el papel de un grande productor, sea con equipes entrenadas para interpretar y difundir las nuevas tecnologías, sea construyendo torres de retransmisión de datos que todos los asociados puedan acceder.

Y, por fin, urge construir en Brasil un seguro rural digno de nuestra evolucionado Agro. Sin esas tres condiciones, nuestros productores rurales en breve serán divididos en dos categorías: los dinosauros condenados al desaparecimiento, y los robotizados, inseridos competitivamente en los mercados globales.

Fuente: Informativo Foro del Futuro
Texto traducido del portugués


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