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09

Oct 2017

Código Forestal Brasileño, una evolución pragmática

Publicado por

Maurício Antônio Lopes, Presidente de Embrapa

Nada es simples o trivial cuando se habla en un país como Brasil. Quinta mayor nación del mundo, con 8,5 millones de Km2, su territorio abarca 1,6 % de toda la superficie del planeta e 5,6% de sus tierras, además de 48% de América del Sur. Haciendo frontera con nada menos que 10 países suramericanos, nuestra amplia superficie de tierra continuadas es aún agraciada por grande oferta de agua dulce – equivalente a cerca de 12% de las reservas globales, además de abundante energía solar y predominio de relieve planes o elevaciones suaves. Los 6 biomas brasileños son reserva de mayor biodiversidad del planeta, una riqueza biológica moldada por amplia gama de condiciones físicas e clima que varía desde el temperado hasta el tropical.

Grande número de países no consiguen tratar sus riquezas de la misma forma que Brasil, incluyendo muchos agraciados, hace siglos, con condiciones económicas e sociales superiores a nuestras. Basta, aquellas que sobrevuelan ricas naciones de los continentes americano, europeo y asiático, mirar por la ventana de la aeronave y, con sentido crítico aguzado, reflejar sobre lo que miran, en comparación con los paisajes que predominan en Brasil.  Visitantes extranjeros quedan sorprendidos al saber que por aquí es mandatorio la conservación de forestas en las propiedades privadas, en porcentuales que pueden alcanzar hasta 80% del área, con en la Amazonía Legal. Y, atónitos, preguntas: ¿Quién paga la cuenta?

El Brasil está pagando la cuenta y haciendo el deber de casa. Por voluntad propia, sin imposiciones, eso es lo más significativo investimento del país en la construcción de un futuro sostenible.  El nuevo Código Forestal Brasileño, establecido con la aprobación de la Ley 12.651, de 2012, representa uno de los casos más extraordinarios de construcción de diálogo y consenso para búsqueda de algo inédito – la protección de las forestas y de la vegetación nativa en las propiedades rurales privadas de una de las potencias agrícolas del planeta, osadía capaz de movilizar. Hasta el momento, más de 4 millones de productores rurales a registrar sus inmobles en el Registro Ambiental Rural (CAR), una base similar a la Declaración de Impuesto de Renta, que los brasileños informan anualmente.

El CAR es iniciativa inédita en el mundo. Resulta de la máxima bastante conocida, de que, “sin información calificada no se gerencia nada”. Y, como tal, se ofrece como un grande eje de construcción de consenso entre ambientalistas, productores rurales, investigadores, gestores ambientales, legisladores y juristas.  El CAR es un excelente instrumento para la búsqueda de conocimiento sustanciado sobre la realidad ambiental brasileña y, además, pilar para el modelaje de la agropecuaria que interesa al Brasil construir.  Es herramienta esencial para la formulación de los Programas de Regularización Ambiental (PRAs) en los estados, para que los productores recompongan. Protejan y compensen áreas para preservación de la vegetación nativa y de la biodiversidad en sus propiedades.   Todo eso, es realizado bajo principios modernos y sólidos, con registros en mapas delimitados sobre imágenes reales de satélites, acrecidos de información prestada por los productores, permitiendo, por la primera vez, una gestión contemporánea y dinámica de la realizad ambiental de las propiedades rurales brasileñas. Como política pública que, precisa evolucionar, la Ley prevé la revisión y la mejoría continua del Código.

Son inúmeros los beneficios actuales y potenciales del Código Forestal Brasileño, con destaque para la transparencia en el tratamiento de las cuestiones ambientales ligadas a la agricultura, atestada por la publicación reciente de los datos del CAR, lo que posibilita análisis inmediatas e inéditas, incluyendo identificación de pasivos y limitaciones que podrán ser rápidamente superadas.  Existe también movimiento en las cadenas productivas, que exigen de los abastecedores la incorporación de buenas prácticas de producción y la definición métrica que asegure la regularización ambiental de los sistemas productivos.

 Es perceptible la ampliación del comprometimiento de la ciencia en el debate ambiental brasileño – claramente verificada por inúmeras redes de investigación actuando en las más variadas dimensiones de la relación agricultura y medio ambiente.  La Embrapa facilita, en su portal web, uno de los más completos acervos de informaciones tecnológicas para apoyar gestores público, técnicos y productores en el esfuerzo de implementación del Código Forestal.  La empresa también realiza un grande esfuerzo de análisis de los datos del CAR, de forma que puedan ser consultados y cruzados con otras geoinformaciones, a partir de recortes por biomas, regiones, estados y municipios, mostrando al Brasil y al mundo como nuestra agricultura contribuye para la preservación y la conservación de la vegetación y de las aguas.

En contrapunto a cualquier imprecisión que no tenga sido solucionada por el proceso inédito y democrático de construcción y aprobación del Código Forestal, es preciso considerar que su implantación, siguiendo una visión evolutiva y pragmática, permitirá gañíos de experiencia para graduales ajustes y superación de pasivos en el futuro.  El coraje de seguir adelante, sin rupturas en el proceso de implantación y consolidación, que ya dura permanece por más de 5 años, permitirá al Brasil incorporar una marca positiva y diferenciada para su imagen.  Así como las empresas buscan el fortalecimiento de sus marcas, las naciones tienen investido en marcas e imagen para moldar visiones globales sobre sus sectores más estratégicos. Demostrar coraje y capacidad de consolidar políticas públicas tan arrojada es importante avanzo para solidificar una marca de sostenibilidad y una imagen fortalecida de Brasil para los brasileños y para el mundo.

Fuente: Periódico Correio Braziliense – edición de 08 de octubre
Texto traducido del portugués


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