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14

May 2018

Beneficios y desafíos de la Integración Agricultura-Pecuaria en la mejoría de la calidad de los suelos del Cerrado

Publicado por

Miguel Marques Gontijo Neto, Emerson Borghi, Álvaro Vilela de Resende e Ramon Costa Alvarenga

Con base en el análisis presentada por la Food and Agriculture Organization of the United Nations (FAO), la demanda global de alimentos está aumentando como resultado del crecimiento poblacional y de los cambios en las dietas. De acuerdo con Alexandratos y Bruinsma (2012) y Tilman et al. (2011), las previsiones son de que la tasa de acrecimos en la demanda global de productos agrícolas (incluyendo alimentos, raciones, fibras y biocombustibles) sea de 1,1% al año en el período entre 2005/2007 y 2050. A pesar de la diferencia en la tasa de demanda alimentar en esto período ser inferior a la verificada en las cuatro décadas anteriores, en torno de 2,2%, las cantidades absolutas de alimentos necesarias para alimentar el mundo en 2050 aumentarán substancialmente.

Se las trayectorias actuales de crecimiento poblacional, de cambios en la dieta y de gerenciamiento de residuos alimentares permanecer inalteradas, la demanda global de alimentos, consecuentemente la producción agrícola, precisará aumentar en 60% en relación a 2005 para atender a la demanda de alimentos en 2050, siendo necesarios acrecimos en la producción actual en la orden de 940 millones de toneladas de cereales, 196 millones de toneladas de carne y 133 millones de toneladas de aceite vegetal (Alexandratos; Bruinsma, 2012).

En esto escenario, esperase que Brasil doble su producción agrícola, lo que, más que una responsabilidad, puede ser una grande oportunidad para el agronegocio brasileño, una vez que el país detiene recursos naturales y potencial de desarrollo tecnológico para la implementación de sistemas sostenibles de producción agropecuaria suficientes para el atendimiento de esta demanda, destacándose que en los últimos 20 años la producción y la  productividad agrícola crecerán más del que la media mundial.

Frente la grande oportunidad/demanda por ampliación en la producción agropecuaria nacional, los productores rurales y técnicos enfrentan diariamente el desafío de obtener mayores productividades por unidad de área, principalmente en condiciones de exploración ya antropizadas tanto por la actividad agrícola cuanto por la exploración pecuaria, esta última en grande parte efectuada en grandes áreas de forma extractivista. En el contexto actual, la imposibilidad de disociación entre aumento de la productividad y optimización de los recursos naturales disponibles es pauta de asuntos gubernamentales y de necesidad mundial y, en esto sentido, son también preponderantes las preocupaciones con los aspectos sociales y ambientales del proceso productivo.

Así, los sistemas de producción actuales deben se embazar en la intensificación sostenible, en la utilización de los recursos disponibles, comprendiendo el uso de activos naturales, sociales y capital humano combinados con el uso de las mejores tecnologías e insumos disponibles (mejores genotipos; prácticas de manejo y agroquímicos más ecológicos) que minimicen o eliminen danos ambientales. En esto sentido, a intensificación sostenible en el uso del suelo, fundamental para mejoría de los índices de productividades agropecuarias y atendimiento a la demanda mundial por alimentos, fibras y bioenergía, pasa por la construcción y manutención de la fertilidad de los suelos agricultables, principalmente en las áreas con suelos de baja fertilidad natural.

Fuente: Artículo originalmente publicado en el Jornal Información Agronómicas, del International Plant Nutrition Institute (IPNI).
Texto traducido del portugués


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