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Abr 2018

Agua, naturaleza y alimento

Publicado por

Mauricio Antonio Lopes, Presidente de Embrapa

La mayor edición ya realizada del Foro Mundial del Agua, trago a Brasilia, entre 17 y 23 de marzo de 2018, una discusión difícil y angustiante: el uso  competitivo del recurso natural más importante para la humanidad, infelizmente escaso en cantidad y en calidad. Fue por eso que el evento destacó en su primera edición en el Hemisferio Sur, el tema “compartiendo agua”. En las palabras del presidente honorario del Consejo Mundial del Agua, Loïc Fauchon, compartir agua es un concepto fácil de formular y difícil de cumplir, de ahí la grande dificultad de asegurar la disponibilidad del agua en todos os lugares, en especial en un mundo repleto de crisis, muchas de ellas causadas por la escasez del precioso líquido.

O inmenso desafío de agregar el acceso al agua justificó la grandiosidad del Foro, con más de 10 mil congresistas, 12 jefes de Estado, gobiernos y autoridades internacionales que participaron de las más de 300 sesiones temáticas, además de millares de personas de 172 países que visitaron las actividades paralelas.  Al enfatizar la necesidad de “compartir Agua”, el Foro colocó en discusión la creciente preocupación con la competitividad entre los inúmeros usos del agua por la sociedad, con destaque para el abastecimiento doméstico e industrial, producción de alimentos y fibras, hidratación de animales, generación de energía, transporte de personas y cargas, recreación, turismo, preservación de la biodiversidad, entre otros.

Los recursos hídricos hacen parte de una red de interdependencias ni siempre percibida o valorizada.  Su escasez impacta la oferta de alimentos, de energía, de salud, de movilidad y pone en riesgo los recursos biológicos.  Y como es recurso finito, el aumento de su demanda por la sociedad provoca, inevitablemente, crecimiento proporcional de la competición por su uso.  El diálogo y la negociación necesarios para la consolidación de un paradigma de compartir el agua que permita a nosotros avanzar en la búsqueda de la universalización de los recursos hídricos pasan, necesariamente, por la comprensión de la relación entre agua, naturaleza y alimento, todos fundamentales para la manutención de la vida en el planeta.

La naturaleza, con sus grande redes colectoras, que componen las cuencas hidrográficas, que alimentan  arroyos, riachuelos, ríos y lagos, es que determina salidas hídricas que sustentan la biodiversidad y todos los demás usos del agua en el campo, en las industrias y en las ciudades. Al mantener recargadas las reservas de la superficie, las hojas subterráneas y la humedad que permite a los suelos sustentar labranzas y creaciones, la naturaleza mantiene la producción n de alimentos para la humanidad.

El Brasil pose una condición que lo coloca en una posición de grande evidencia en la discusión de las relaciones entre el agua, naturaleza y alimento.  Quinta mayor nación del mundo, con 8,5 millones de km2, su territorio cubre 1,6% de toda la superficie del planeta e 5,6% de sus tierras, además de 48% de la América del Sur. Haciendo frontera con diez países suramericanos, nuestra amplia superficie de tierra continua y agraciada por cerca de 12% de las reservas globales del agua, en una de las más extensas y diversificadas redes pluviales del mundo, además de contar con grande acuíferos.  Los seis biomas brasileños son reserva de la mayor biodiversidad del planeta, riqueza biológica moldada por amplia gama de condiciones físicas y clima que varía desde el temperado hasta el tropical.

Esa riqueza natural sustenta una agricultura basada en sólido conocimiento científico, que, en tiempo récord de poco más de cuatro décadas, no solamente tiró Brasil de la inseguridad alimentaria, pero proyectó nuestro país como importante abastecedor de alimentos para más de un billón de personas, además de garantizar cerca de ¼ del PIB nacional. Además de incorporar tecnologías, el Brasil tiene perfeccionado políticas públicas que integran la gestión de la producción de alimentos y la conservación de nuestros recursos naturales. El nuevo código forestal brasileño, establecido en 2012, presenta uno de los casos más extraordinarios de construcción de diálogo y consenso para la protección de la vegetación nativa, de las nacientes y de las bordas de los cursos del agua en las propiedades rurales privadas del país.

Por lo tanto, el Foro dio a Brasil la oportunidad de demostrar avanzos que ayudaron a consolidar procesos de manejo y conservación de los recursos hídricos, respectando la naturaleza e, al mismo tiempo, ampliando nuestra capacidad de producir alimentos de forma sostenible. Y mostró que el protagonismo brasileño en agricultura y alimentación, reconocido globalmente, fue alcanzado ocupando apenas 30% del territorio, lo que permitió mantener intactos más de 66% de nuestro espacio geográfico, cubierto por vegetación nativa, que protege y fortalece las reservas hídricas.

A pesar de los inúmeros avanzos concretos en la gestión de los recursos hídricos en el ámbito global el foro dejó preocupaciones  y alertas, sintetizados en la certidumbre de que el mundo moderno seguirá demandando  cambios más complexos en los sistemas naturales, de forma a garantizar suporte a una población creciente, que incorpora estilos de vida cada vez más sofisticados e impactantes para el medio ambiente. Razón, por lo tanto, para ampliar nuestra atención para las relaciones  entre agua, naturaleza y alimento, determinantes al bien estar y al desarrollo de las naciones.  El gran aprendizaje que el foro dejó es que el futuro dependerá, en grande medida, de las decisiones tomadas en el presente para protección de nuestro capital y estructuración de nuestra economía.

Fuente: Periódico Correio Braziliense – edición del de abril de 2018.
Texto traducido del portugués


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